Las cosas no fluyen como quiero y me frustro.
Mi situación económica no cambia, o mejora por un tiempo y luego vuelve a lo mismo.
Las relaciones que tengo parecen seguir un mismo patrón: diferentes personas, misma historia.
Esto es parte de lo que me sucedía una y otra vez. Sin darme cuenta, vivía en incoherencia, pensando que mis acciones del presente no tenían nada que ver con mis deseos del futuro y que simplemente era “mala suerte”.
No es fácil ver más allá de nuestra realidad cuando no entendemos de dónde vienen ciertas situaciones o circunstancias, que parecen estar en un bucle del cual no podemos salir.
Podemos comenzar a identificar esto simplemente mirando nuestras vidas y listando exactamente lo que deseamos que cambie o sea diferente, ya sea algo relacionado con la pareja, la economía o algún objetivo personal.
Acá es donde entra la coherencia, pero antes que nada, ¿qué es exactamente?
Pienso → Siento → Hago
Cuando lo que pienso se alinea con lo que siento y lo que hago, estamos en coherencia.
Cuando no se alinean, se crea un conflicto interno. Es tan sencillo que hasta resulta molesto.
Ejemplo financiero
- Pienso: Quiero ganar más dinero.
- Siento: Frustración por no tener un aumento.
- Hago: No me capacito, no desarrollo nuevas habilidades y no genero un valor adicional como profesional.
Ejemplo en relaciones de pareja
- Pienso: Quiero una relación estable y poder construir con alguien a futuro.
- Siento: Soledad y deseo de conexión profunda.
- Hago: Continúo teniendo relaciones pasajeras solo para llenar el vacío.
- Pienso: Necesito terminar la relación en la que estoy ahora mismo.
- Siento: Infeliz, drenado y vacío.
- Hago: Postergo la decisión y sigo igual.
La pregunta clave
Podríamos resumirlo con una sóla pregunta:
¿Qué estoy haciendo hoy para que el día de mañana sea diferente?
Siendo brutalmente honestos, la mayoría prefiere exigir resultados, quejarse o victimizarse, antes que hacer el trabajo o el esfuerzo. Es más fácil, cómodo y así nos mantenemos exactamente igual.
Pero lo que no estamos teniendo en cuenta es que esta salida fácil es la más costosa.
¿Por qué? Porque el tiempo perdido no se recupera. Es lo único que no podemos comprar más adelante, ni con todo el oro del mundo.
Hay un proverbio japonés que me ayudó a internalizar esto:
“Si te equivocas de tren, bájate en la siguiente estación; cuanto más tardes en bajarte, más caro será el viaje de regreso.”
Cuanto más posponemos los cambios que sabemos que debemos hacer en nuestras vidas, más alto es el costo emocional y el tiempo perdido.
Cómo empezar a cambiar
Iniciar un cambio puede ser algo tan sencillo como:
- Sentarse a escribir lo que realmente queremos
- Leer un libro
- Tomar un curso
- Hablar con un amigo
- Ir a una psicóloga o coach
No voy a entrar en el porqué de la procrastinación —las razones son amplias: autoestima, amor propio, heridas del pasado, traumas, miedos, y la lista continúa.
Lo importante —y la idea con este post— es empezar a mirarnos, identificar cuál es el cambio que queremos ahora mismo, reconocer la acción necesaria y actuar en coherencia.